A través de un programa de automatización aplicada, implementado como práctica profesional en colaboración con Duoc UC, alumnos de último año de Ingeniería en Informática han podido experimentar un entorno real de trabajo, desarrollando soluciones tecnológicas aplicadas, con impacto tangible.
Esta experiencia, desarrollada durante el segundo semestre de 2024 y el primero de 2025, en la sede San Andrés de Concepción, Chile, ha sido una plataforma concreta para que los estudiantes fortalezcan su mirada práctica, apliquen conocimientos técnicos en un contexto profesional y se proyecten como agentes de cambio en la transformación digital de las organizaciones.
El programa está diseñado para ser flexible: puede ser implementado como curso optativo o práctica profesional. Incluye acceso a herramientas de automatización como Wizard de MasterBase®, formación on-demand y acompañamiento experto, lo que permite a los alumnos construir flujos funcionales completos, con autonomía y responsabilidad.
A continuación, compartimos la experiencia de uno de los participantes del programa, Luis Arias, estudiante de 7mo. semestre de la carrera de Ingeniería en Informática, DUOC UC, sede San Andrés, Concepción, quien resume con claridad el valor de esta oportunidad para su formación profesional.
¿Qué te motivó a participar en el programa de automatización funcional con MasterBase® y cómo ha impactado en tu formación profesional?
R: Desde que supe del programa, me llamó mucho la atención la posibilidad de participar en un entorno real de automatización tecnológica.
Siempre he sido muy curioso por entender cómo se optimizan procesos dentro de una empresa y sentí que esta era una oportunidad concreta para llevar lo aprendido en clases a un nivel más aplicado.
Lo que más me motivó fue que no se trataba sólo de una práctica tradicional, sino de una experiencia en la que podía crear soluciones que tuvieran un efecto real.
El impacto en mi formación ha sido enorme. Me permitió fortalecer mi visión de procesos, entender la lógica detrás de sistemas bien diseñados y, sobre todo, ganar confianza en que mis ideas podían transformarse en soluciones útiles.
¿Cuáles fueron los principales aprendizajes y habilidades que desarrollaste durante tu participación en el programa?
R: Uno de los aprendizajes clave fue comprender cómo diseñar un proceso desde su origen, no sólo desde el código o la herramienta, sino desde la lógica del negocio y la experiencia del usuario. Aprendí a construir flujos paso a paso con Wizard, cuidando cada etapa, para asegurar una interacción clara, fluida y bien guiada.
También trabajé bastante con formularios dinámicos, en los que cada decisión del usuario podía modificar el comportamiento del formulario, mostrando u ocultando campos, y eso me enseñó mucho sobre lógica condicional aplicada.
Además, aprendí a documentar bien lo que hacía, a trabajar con orden y a ver cada flujo como parte de algo mayor. Más que herramientas, desarrollé una forma de pensar enfocada en resolver problemas reales, con eficiencia y claridad.
¿Cómo describirías la experiencia de trabajar con una empresa tecnológica como MasterBase® durante tu etapa formativa?
R: Fue una experiencia muy enriquecedora. Desde el inicio me sentí parte de algo importante. No era simplemente “un estudiante en práctica”, sino alguien que podía aportar, proponer y construir.
Lo que más destaco es el enfoque humano y profesional de la empresa: siempre hubo disposición para guiarme, pero también para escucharme. Además, trabajar con herramientas y metodologías que realmente se usan en el mundo laboral me dio una visión mucho más clara de cómo funciona la industria y qué se espera de un profesional que quiere aportar con soluciones. Fue desafiante, sí, pero, justamente por eso, fue tan formativo.
¿Qué consejo darías a otros estudiantes que estén pensando en postular a este tipo de programas colaborativos entre instituciones de educación y empresas?
R: Mi consejo es simple: háganlo. No lo piensen dos veces. Este tipo de programas te cambia la perspectiva de lo que significa ser estudiante. Te hace sentir profesional desde el primer momento, te enfrenta a desafíos reales y te permite aprender haciendo, que, a fin de cuentas, es la mejor forma de crecer.
También les diría que se atrevan a preguntar, a proponer y a salir un poco de la zona cómoda. La práctica no es sólo para cumplir, sino para aprovechar al máximo cada herramienta y cada conversación con quienes saben más. Es una oportunidad única para formarte y marcar una diferencia real.
¿Por qué crees que más empresas deberían sumarse a este tipo de alianzas con instituciones educacionales?
R: Porque es una relación donde todos ganan. Las empresas reciben a estudiantes motivados, con ideas frescas, que están dispuestos a aprender y aportar. Y los estudiantes tienen la oportunidad de acercarse a la realidad del trabajo profesional, con desafíos concretos y procesos reales.
Además, estas alianzas ayudan a cerrar la brecha entre la formación académica y lo que realmente necesita el mercado. Forman profesionales más preparados, más conscientes de cómo funciona una organización y más capaces de adaptarse a distintos entornos. Ojalá más empresas se sumen, porque el impacto que pueden generar en la formación de los futuros profesionales es enorme.
¿Cómo describirías esta experiencia de práctica profesional y su valor en tu proceso de formación?
R: Fue una experiencia que marcó un antes y un después en mi proceso formativo. Por primera vez sentí que no estaba únicamente aprendiendo; estaba produciendo algo real, que podía ser utilizado por otros. No se trató sólo de cumplir horas de práctica, sino de involucrarme en flujos funcionales completos, desde el diseño hasta el funcionamiento final.
¿Qué destacarías del programa y de su impacto en tu desarrollo como futuro profesional?
R: El programa me pareció muy bien pensado, porque combina autonomía con guía, y eso hace que uno de veras aprenda. No estás simplemente replicando pasos: estás proponiendo soluciones, iterando sobre ideas, resolviendo problemas reales.
Otro aspecto que destaco es que el programa no te trata como un estudiante que se limita a ayudar, sino como alguien que puede generar valor. Eso cambia completamente la actitud con la que uno se enfrenta al trabajo. Sentí que mi opinión era escuchada, que los procesos que diseñé podían ser mejorados y que había espacio para aprender desde el error, sin miedo. Esa confianza te forma no sólo como técnico, también como profesional que puede adaptarse, proponer y seguir aprendiendo.




